Autores que merecieron ganar el Nobel… pero nunca lo hicieron.

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El Premio Nobel es entregado por la Academia Sueca desde el año 1901, de manera anual, establecido según el testamento de Alfred Nobel para aquellos que «destacaran en el campo de la literatura en la dirección ideal«. Lo que no se conoce es cual es esa «dirección ideal», pues decenas de autores realmente relevantes y con grandes obras a sus espaldas no han pasado de ser finalistas o, en la mayoría de casos, ni siquiera ser considerados.

Jorge Luis Borges gozó de una larga vida durante la cual fue nominado al Premio Nobel durante más de treinta años. Bien merecido, gracias a que sus obras literarias son inclasificables, inventó nuevas formas de escritura y fue más allá de lo que cualquier escritor podría llegar. Incluso fue fundador de varios movimientos literarios, y hoy en día su obra es estudiada por expertos por su complejidad y valor, como por ejemplo, la de Tolkien.

El motivo por el cual su victoria estuvo fuera de su alcance no fue más que por motivos políticos. Personaje polémico, incluso después de quedarse ciego, eran conocidas sus claras tendencias derechistas y el apoyo a algunos dictadores, como Pinochet. Aunque el Nobel si fue entregado a autores que apoyaban, de manera menos evidente, dictaduras de izquierda, la Academia nunca tuvo claro si debían dárselo a Borges.

Aunque no recibió el Nobel, la vida de Borges estuvo repleta de premios, algunos tan importantes como el Premio Cervantes. Nombrado doctor honoris causa por varias universidades, también fue el ganador del primer premio Pulitzer de la historia. Por mucho que no le dieran el Premio, nunca fue olvidado, al contrario que muchos de los ganadores.

Los veredictos del Nobel y sus finalistas son secretos a la entrega del Premio, pero no siempre se mantienen así. Por ello, en 2011, pasado el plazo de cincuenta años, se hicieron públicas las consideraciones del Nobel de 1961, edición en la cual la Academia Sueca decidió negarle el Nobel al escritor J.R.R. Tolkien.

A pesar de su enorme legado literario y su gran capacidad imaginativa, creativa y literaria, Anders Österling, miembro del jurado de esa edición, denegó el Premio por su prosa demasiado «pobre«.

Österling pareció obviar el hecho de la capacidad de Tolkien de crear mundos, criaturas, leyendas, historias y mitologías completas, complejas y realistas tanto incluso que las que han dejado el legado clásico. Tampoco reparó en el gran conocimiento filológico de Tolkien, gran investigador de antiguas lenguas y desarrollador de decenas propias, como el quenya o el sindarin, cuya complejidad las permite ser usadas como una desarrollada durante siglos.

Probablemente, Tolkien nunca hubiera sido nominado al Nobel si no fuera por amistades. Su mejor amigo, C.S. Lewis, fue quién, como miembro del jurado de esa ocasión, le nominó y le presentó al Premio. Nunca más volvió a ser nominado.

El que nunca ganara en Nobel no le impidió ser reconocido en su época y después. Es uno de los pocos escritores que puede decir que cuenta con una sociedad, la Sociedad Tolkien, encargada de estudiar el enorme legendarium que dejó a su paso. Como Tolkien consiguió desarrollar mundos tan complejos, nunca se sabrá. Lo mismo que el contenido de las obras de Ivo Andric, ganador del Premio de 1961, cuyas obras no tienen repercusión fuera de Croacia.

Mucha guerra y poca paz fue lo que tuvo León Tolstói con la Academia Sueca. Aunque solo podría haber recibido el Premio ya en sus últimos años de vida, sus malas relaciones con el jurado de la Academia Sueca hicieron que nunca lo recibiera.

A pesar que desde la edición de 1901, la primera de ellas, hasta la de 1910, última en la que Tolstói continuaba con vida, siempre el público aclamó el Premio para él, la Academia nunca se lo dió pues consideraba que representaba una «animadversión hacia la cultura» por sus críticas hacia ciertas instituciones. También, el jurado habló en su momento de su «excesivo realismo» que parecía chocar con la secreta dirección ideal de la que hablaba Nobel en su testamento.

Muchos autores mantuvieron en secreto sus opiniones sobre lo que decía la Academia acerca de ellos y del motivo por el cual les negaban el Nobel, pero León no fue de ellos. De hecho, fueron frecuentes sus apariciones asegurando que estaba contento por el rechazo de la Academia Sueca, pues así nunca tendría que recibir y gastar el dinero del Premio, del que estaba convencido de que solo le traería maldad.

Poco más habría podido hacer el Nobel para convertir en inmortal su obra. Guerra y Paz y Anna Karenina ya eran obras clave del siglo XX sin ayuda de nadie.

Otro olvidado por los suecos es aquel escritor que nació con el cometa Halley y que aseguró que se iría con él ( y así lo hizo). Es Samuel Langhorne Clemens, quizás más conocido como Mark Twain, considerado el padre de la literatura estadounidense.

Uno de los mejores novelistas, humoristas y ensayistas se fue también con el cometa Halley, 74 años después de su nacimiento, sin un Premio sueco. Tuvo las mismas oportunidades que Tolstói, diez, y también los mismos resultados. La Academia volvió a olvidarse de obras como Tom Sawyer, pero parece que no de las de Henryk Sienkiewicz. Al menos, se acordaron de Rudyard Kipling.

 A pesar de que otros autores consideran su novela como un punto de inflexión en la literatura del siglo XX, incluidos premiados con el Nobel como García Márquez, lo cierto es que para James Joyce fue una auténtica odiesea tratar de conseguir el Nobel.

Miembro del conocido como modernismo anglosajón, con otras personalidades como la mujer que le sucede en esta lista, el escritor irlandés es aclamado por su obra Ulises. Fue una pieza clave y el desarrollador de nuevas formas literarias, como la ficción especulativa, que luego daría lugar a la literatura fantástica y de ciencia-ficción. Es, en conclusión, uno de estos autores que es leído por más que aquellos que lo leen a él mismo, pues fue el encargado de hacer que la novela de ficción se tuviera en cuenta a partir de entonces.

El autor y su obra son tan extremadamente conocidos y respetados que desde 1954 se celebra el Bloomsday, en el que los aficionados pueden disfrazarse de personajes del autor (especialmente de Leopold Blooms, a quién va dirigido el evento) y se realizan actividades para ensalzar la figura del autor. En la Enciclopedia Británica, se le otorga la misma importancia que a Shakespeare.

Nada de eso pareció valerle a la Academia Sueca, que si le nominó en una ocasión pero fue fulminantemente rechazado. El motivo desvelado con posterioridad fue que Joyce estaba «demasiado alejado de lo tradicional» y eso le impidió conseguir el Premio. La novela Ulises era, sin duda alguna, una auténtica innovación de alta calidad, pero el jurado no supo verlo.

Su compañera en el movimiento anglosajón, Virginia Woolf, tampoco vio ni de lejos un Premio Nobel. Conocida por sus aportaciones al modernismo literario y por la formación del grupo de escritores de Bloomsbury, Woolf, de soltera Stephen, no gozó de ningún reconocimiento ni éxito en vida. Fue a partir de la década de los setenta cuando se redescubrió su obra y se utilizó como bandera del movimiento feminista.

Toda su carrera literaria la enfocó a romper los esquemas narrativos precedentes. Comenzó en 1905 escribiendo en periódicos, y diez años después publicó en la editorial de su hermanastro. Hasta la publicación de La señora Dalloway fue una escritora desconocida, y fue con esa obra cuando tuvo cierta fama entre la crítica. Con un estilo lírico más que narrativo y  un gran esfuerzo por desarollar personajes intelectualmente complejos, con gran personalidad la convirtieron en una novelista experimental para su tiempo.

Más que por el desconocimiento de la crítica, la carrera de Woolf se vio truncada por el trastorno bipolar que padecía. Después de acabar la que sería su última novela, publicada de manera póstuma, entró en una gran depresión producida por la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa por las bombas alemanas y la poca acogida de uno de sus últimos libros.

El 28 de marzo de 1941, Woolf abandonó su casa. Se puso su abrigo, se llenó los bolsillos con las piedras más pesadas que encontró y se tiró al río Ouse, muy cerca de su casa, ahogándose. Su cuerpo, encontrado el 18 de abril, fue enterrado bajo el árbol de su hogar. Antes de suicidarse, escribió una carta de suicidio a su marido, dando como motivos de su muerte la incapacidad de luchar contra su enfermedad y la sensación de que estaba arruinando la vida de su marido.

Volviendo a la literatura hispana, nos encontramos con Carlos Fuentes, un reconocido escritor mexicano que ayudó a dar origen al boom de la literatura hispanoamericana, llevando su repercusión por todo el mundo.

Escritor influyente por sus amistades en el mundo de grandes economistas y empresarios, político desde niño, ha sido una figura importante en México hasta su deceso. También en el mundo literario, pues fue doctor honoris causa por universidades de todo el mundo, escribió en periódicos alrededor del globo y sos obras fueron traducidas a una gran cantidad de idiomas.

Desde la década de los noventa, su nombre comenzó a sonar fuerte para el Nobel, pero nunca fue ni nominado. El autor, en una entrevista a La Razón en 2003, adviritó que nunca le darían el Nobel y que su época «había pasado«. Y así lo hizo. A su muerte, en 2012, no lo había recibido.

Como a la mayoría de los escritores de la lista, a Fuentes no le importó. Premiado con el Premio Cervantes y con el Príncipe de Asturias, se fue consciente de la importancia de su obra literaria.

El poeta Paul Valéry fue uno de los que más ha sufrido por la aparente resistencia del jurado de la poesía pura con otros grandes poetas como Octavio Paz o Juan Ramón Jiménez, quienes sí recibieron el premio; el escritor francés fue nominado en numerosas ocasiones, pero la Academia Sueca era reticente por razones desconocidas.

Academia Sueca a dar el Premio a autores reconocidos internacionalmente por sus obras en vez de a quién les venga en gana. Creador de la

El final de la historia es similar a otro Premio Nobel nunca entregado, en ese caso el de la Paz, de Gandhi. Tras numerosísimas nominaciones al Premio, a ambos se les iba a entregar finalmente ese año, pero pocos días antes de hacerse público el veredicto fallecieron. Si se hicieran las cosas a la primera, muchos que verdaderamente merecían recibir el Premio lo hubieran hecho.

Otro escritor reconocido y frecuente por estas entradas es Vladimir Nabokov, escritor soviético, autor de Lolita y escritor en una lengua aprendida,

ya que no escribía en ruso sino en inglés.

A pesar de no narrar en su lengua nativa, Nabokov logró un gran control del lenguaje y de los recursos de este, desarrollando así grandes obras de ficción. Aunque su novela polémica pudo lastrar la llegada de premios, especialmente de los jurados con corte excesivamente conservador como la Academia Sueca, logró una nominación para el Premio Nobel de 1974.

Este Premio lo perdió, por motivos poco claros, contra unos desconocidísimos escritores suecos como Eyvind Johnson y Harry Martinson, que habían sido jurado del Premio la edición anterior.

¿Habrá llegado la influencia del Planeta al Nobel?

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