Las curiosidades ocultas de la literatura

Los libros. Aquellos que celebran hoy su día. Hay millones de libros en el mundo. Muchos nos habrán hecho reír, otros llorar, otros vivir. Unos nos habrán dejado con una intriga en nuestro interior que nos impulsaba a seguir leyendo con voracidad sus hojas, deseosos de desentrañar ese misterio que oculta en sus palabras. Otros puede que cambiaran nuestra vida, o la de otros, o nos enseñaran cosas que en ningún otro sitio hubiéramos aprendido.

Además de una fuente de vida, de historias y de aventuras infinita, los libros cuentan con un mundo propio en el cual encierran muchas curiosidades. Curiosidades acerca de ellos, de misteriosas coincidencias, de increíbles comienzos; no pocas tampoco acerca de los hombres y las mujeres que se esconden detrás de sus palabras. Estas son tan solo algunas de ellas, pero las curiosidades son, sin duda alguna, infinitas

Ryoki Inoue, el escritor de los 1072 libros.

Ryoki ha escrito más de mil libros y ostenta el Récord Guiness en el número de obras literarias publicadas. Casi la totalidad de los libros publicados en Brasil son de su autoría, bajo su propio nombre o por uno de los treinta y nueve seudónimos que se le conocen.

 Ryoki Inoue es diferente a muchos escritores. Existen autores más prolíficos, otros que se quieren tomar la profesión de manera más relajada; pero ninguno que escriba seis libros al mes, como hace él. Por si fuera poco escribir esa cantidad de obras al mes Ryoki colabora con una decena de periódicos para los cuales escribe artículos de forma frecuente. ¡Descansar es de débiles!
Corría el año 1986 cuando este cirujano japonés residente en Brasil decidió abandonar la medicina con cuarenta años para ponerse a escribir. ¿El resultado de su decisión? En la actualidad, el 95% de los libros de bolsillo de Brasil los ha escrito él. En tan solo seis años escribió un total de noventa y nueve novelas, cuentos y ensayos diferentes, pasando por hitos como escribir tres novelas románticas en una sola noche hasta el patrocinio de una tienda de tecnología local, que le proporciona teclados ya que quema literalmente varios de ellos al mes. ¡No hay teclado que resista a seis novelas mensuales!
Ha cultivado prácticamente todos los géneros literarios existentes y, a pesar de tener de gran calidad literaria, encuentra problemas para publicar sus obras ¡porque ninguna editorial puede hacerse cargo de tanto trabajo! Muchas de ellas llevaron a Ryoki a emplear seudónimos en sus obras para que no exista una cantidad tan elevada de novelas bajo su nombre, aunque ya se conocen treinta y nueve de ellos. Y los que quedan.
¡Quién sabe! Quizás tu autor favorito sea en realidad Ryoki…

Las profecías de Morgan Robertson

Morgan Robertson contó con un don especial para adivinar sucesos. Décadas antes de que se produjeran creó historias que casi reproducen a la perfección sucesos como el hundimiento del Titanic o la Guerra del Pacífico entre Estados Unidos y Japón. Por efecto de una capacidad visionaria sin parangón o por la droga que acabó por su vida, Robertson creó obras que profetizaron el futuro con un detalle escalofriante.

The Wreck of the Titan‘. Un libro profético, o un autor con demasiada suerte. Morgan Robertson escribió, en 1898 una novela titulada de esa forma, ‘El naufragio del Titan.

Si ya el título se parece a cierto hecho conocido, la obra lo es aún más. En la novela, se cuenta la historia de un trasatlántico llamado «Titan» que se enorgullecía de ser el más lujoso, grande y moderno de su época (Misma fama con la que contaba el Titanic). Incluso, antes de zarpar, el constructor aseguró, en un rueda de prensa, que su barco era «insumergible e indestructible«, mismas palabras que pronunció en un acto similar el constructor del Titanic. El barco, al igual que su homólogo real, parte a un viaje inaugural de Nueva York a Southampon con grandes fortunas como pasajeros. El barco se hunde este viaje, y muchos de sus pasajeros mueren por la falta de botes salvavidas para todos ellos, pues el barco solo dispone de botes para la mitad de ellos.

Es, ni más ni menos, todo lo que le pasó al Titanic.

Las similitudes entre el barco de la novela y el real no se quedan cortas: además de la similitud del nombre, ambos tenían un tamaño muy similar, las mismas estructuras mecánicas, la estructura interna estaba diseñada de la misma forma, los hechos suceden en el mismo mes del año y en ambos casos solo había botes para la mitad del pasaje (24 el Titanic, 20 el Titan). Ambos se hundieron chocando a la misma hora contra un iceberg exactamente en el mismo sitio, a 600km de Terranova.

Tan solo existen tres diferencias entre ese numeroso cúmulo de casualidades: el Titanic chocó contra el iceberg por un despiste, el Titan lo hizo debido a una tormenta. En el Titanic, 711 pasajeros lograron salvar la vida, en el Titan, solo 13 lo consiguieron. El Titanic navegaba de Europa a EEUU, el Titan hacía la misma ruta (incluso los mismos puertos de llegada y salida) pero en sentido inverso.

Y todo ello a pesar de haber sido escrito catorce años antes de la catástrofe. Pero no fue la única novela profética de este autor tan curioso.

También escribió una novela titulada ‘Más allá del espectro‘. Trata sobre una sangrienta guerra mundial en la cual EEUU y Japón entran en guerra por las islas del Pacífico. Esta guerra entre ambos comienza cuando en diciembre Japón ataca por sorpresa una base naval de Estados Unidos del Pacífico. Finalmente (¡destripo la novela!) EEUU crea unas nuevas bombas que lanza sobre Japón, destruyéndolo totalmente.

Podría parecer una copia. Pero no. La novela fue escrita en 1914, 27 años antes de que ocurriera lo que narra. En 1915, se encontraría el cuerpo de Morgan Robertson sentado en una ventana, mirando al mar tras morir por sobredosis de Protiodide, una droga muy usada a finales del siglo XIX.

Y más profecías: Julio Verne

Julio Verne fue un profeta tecnológico. Fue capaz de ver los caminos que iban a seguir las tecnologías aún incipientes de su tiempo. El motor de explosión, los rascacielos, el submarino o las videollamadas fueron algunos de los inventos que Verne imaginó en sus libros y acabaron haciéndose realidad.

Julio Verne es, probablemente, uno de los primeros escritores de ciencia-ficción de la historia de la literatura. En sus abundantes novelas, este abogado inventó numerosos artefactos para sus historias, ninguno de los cuales tenía similitud o precedente con cualquier otro de su época. Aunque algunos no responden tan bien a la descripción que Verne dio de ellos, no se puede negar que Morgan Robertson cedió parte de su don profético a este autor.

 (Nota: ambos autores coincidieron parcialmente en la época, pero no en persona. Nunca se conocieron)

Una de las novelas estrellas del autor es «Veinte mil leguas de viaje submarino» donde el Capitán Nemo recorría el océano en su Nautilus, un submarino lleno de lujos (en su época, ni tan siquiera existían los submarinos). El Capitán expone en muchas ocasiones de que este es impulsado por electricidad, dato que posiblemente añadió Verne para dar un aire moderno a la novela, pues la electricidad no era todavía usada en exceso en ese momento. La novela fue publicada en 1870.

Catorce años después, la Armada Española logró un hito en la historia bélica: construyó un submarino electrico. Conocido como el «Peral«, respondía bien a la descripción que Verne daba del suyo. Salvo por el lujo. El «Peral» puede ser descrito de muchas formas. Pero como lujoso decididamente no.

No son pocas las otras máquinas e inventos profetizados por Verne. Posiblemente, uno de los más llamativos no sea un invento, sino una realidad. En 1863, Verne escribió una novela titulada ‘París en el siglo XX«, describiendo la vida de un joven que reside en una ciudad donde hay enormes rascacielos de vidrio, trenes de alta velocidad, coches que funcionan con un motor alimentado por unas sustancias químicas ( A la escritura de esta novela, no se conocía ni la gasolina ni el motor de explosión) y una red mundial que Ela través de unas máquinas que permitían comunicar a todo el mundo de forma inmediata, escribiendo mensajes de texto. 

A pesar de su carácter de ciencia-ficción, o más bien de futura-realidad-ficción, esta obra de Verne sufrió un rechazo inesperado para el autor. Pierre Jules-Hetzel, editor del autor, rechazó publicarlo porque le parecía «excesivamente fantasioso«. Fue su bisnieto el que encontró en el año 1989 el original de esta novela y decidía publicarla.

 Otro de sus inventos fue el «fonoteléfono» donde los usuarios podrían verse a la distancia a través de un espejo que recogía su imagen y, a través de unos cables y luego por ondas, transmitía la imagen en tiempo real al otro, que podía verlos en su espejo. 

Y así, otros muchos. ¡Cuesta imaginar como Verne acertó en muchos de ellos!

El libro de los doce rechazos.

Harry Potter es una historia de rechazos. A nivel editorial, solo se publicó porque la hija pequeña de un editor en horas bajas convenció a su padre para publicar el libro. Su traducción al español fue rechazada diez veces hasta que Salamandra aceptó editarla en una tirada ínfima. Decenas de directores se negaron llevar el libro a la gran pantalla. Todos se equivocaron. Aquel libro que no merecía la pena es el segundo más vendido de la historia.

Harry Potter. Más de 400 millones de ventas. Traducido a 69 lenguas. 6000 millones en recaudación de sus películas. El segundo libro más  vendido de la historia.

¿Sus inicios? Rechazado por doce editoriales difentes, publicado por Bloomsbury, una editorial entonces pequeña y casi en ruina que ahora se ha convertido en la mayor de Reino Unido por invertir dos mil quinientas libras en editar un libro que nadie quería. De su tirada inicial de mil ejemplares, muy reducida para un mercado como el anglosajón, más de la mitad acabaron en bibliotecas. En ellas fueron conocidos por sus primeros lectores, que acabarían por convertir el libro en uno de los mayores éxitos del siglo XXI. La edición solo se concretó cuando la hija pequeña del editor leyó el manuscrito y pidió a su padre que la publicara.

Las dificultades para la publicación fueron enormes en todos los aspectos. Rowling creó la historia durante un viaje en tren y expuso su idea a varios editores, de los cuales ninguno aceptó. Las razones fueron diversas, pero giraron en torno a razones como «La ficción no tiene futuro» o que «Nadie querría leer una historia sobre un niño mago». Incluso Boomsbury, la editorial que lanzó el libro, lo hizo con una condición: no se podía saber de primera mano que su autora era una mujer, puesto que «Nadie leería fantasía escrita por una mujer», de ahí que tomara el seudónimo de J.K. Rowling. Cansada y desesperada por la necesidad de publicación aceptó la cláusula y el libro vio la luz.

Otro problema llegó cuando Rowling, tras el inesperado éxito en el mercado inglés, decidió que era necesario publicar el libro en otros idiomas. El primer idioma elegido, el español, siguió un camino similar al manuscrito original. La traducción fue propuesta hasta a diez editoriales diferentes, de las cuales se recibió una respuesta negativa salvo de Salamandra, para entonces una pequeña editorial catalana que aceptó publicarla con una tirada mínima. El resultado fue el mismo: un éxito mayúsculo que ayudó a colocar a una editorial pequeña en el mapa.

El mismo camino siguió la primera de las películas. Los editories fueron incapaces de encontrar ningún director dispuesto a dirigir una obra así, hasta que tras meses de búsqueda el director Chris Columbus aceptó llevar a cabo el proyecto.

Es probable que ciertos editores lamenten haber perdido las novelas y las películas más rentables de la historia. Quién no arriesga, no gana.

Mark Danielewski, el arquitecto de la escritura.

Hay personas que leen más de una novela a la vez, pero pocas que leen varias novelas en un mismo libro. Con la estructura de Mark cada lector encontrará una historia diferente cada vez que habra el libro. El desenlace, el desarrollo, el inicio, será diferente para cada lector y para cada ocasión que lo leas. Una gran oportunidad para leer infinitas obras en un solo libro.

Mark no es un escritor como los demás. No llega a los números de Inoue ni al éxito de Rowling, pero merece estar en esta lista por ser el creador de una estructura narrativa que ha encandilado a sus lectores y a todos los críticos que han sabido acercarse a su obra.

En su obra «La Casa de las Hojas«, Mark crea una estructura como mínimo curiosa. Una novela que es a la vez dos. O cuatro, O siete. O las quieras. Está escrito de tal forma que la novela es, en realidad, cientos de novelas. Hay dos principales: una novela de terror y una novela de aventuras. La novela parte de dos visiones diferentes sobre un mismo hecho, que se acaban por bifurcar en cientos diferentes. La novela posee decenas de niveles de lectura distintos, lo que provoca que tu mente entienda una u otra según cual de las cientos de historias que se desarrollan dentro esté siguiendo de forma inconsciente. Cada vez que leas el libro, la historia cambiará, pues tu mente interpretará las cosas de diferente forma. Una novela que es a la vez infinitas novelas.

Si la estructura ya es curiosa, no se queda corta su edición, con decenas de tipografías diferentes, saltos de línea ilógicos, cambios de orientación, citas de otros textos o páginas invertidas.

El profesor Frankenstein

La inspiración puede venir de cualquier sitio. Para Mary Shelley, autora de Frankenstein, llegaba de la mano de James Lind, un profesor de Física que enseñaba la disciplina a su marido y que, cuando acudía a su casa, debatía sobre diversas materias científicas que encandilaron a Shelley e influyeron en gran medida en su obra.

Percy Shelley, marido de Mary Shelley, era un buen poeta. Pero su interés iba más allá de la poesía, y recibía clases de física del profesor escocés James Lind. Normalmente, tras acabar estas clases contaba a su mujer algunas de las actividades y experimentos que habían llevado a cabo. Estas impresionaban a Mary y le daban numerosas ideas para su historias.La anécdota definitiva que llevaría a Mary a terminar por escribir la historia sería una clase que recibió su marido de como James Lind movía ranas muertas por medio de impulsos eléctricos. Esto llamó tanto la atención de Mary que sería determinante para su novela ‘Frankenstein

La lentitud se llama Tolkien.

John Ronald Reuel Tolkien tiene una fama bien merecida por dos obras claves para la literatura del siglo XX: la trilogía de El Señor de los Anillos y El Hobbit. Son muchas las curiosidades que envuelven a este escritor, muchas de ellas ciertas pero otras mitos completamente infundados.

Uno de ellos (que es cierto) es el verdadero origen de ‘El Hobbit’. Son muchos los que la toman como una obra más de Tolkien, pero fue una obra que no estaba en sus planes escribir. Ni tan siquiera la había preparado como cualquier otra.El Hobbit‘, o al menos lo que luego se convirtió en la novela, parte de unas pequeñas historias que Tolkien se inventaba para entretener a sus hijos, y que se las iba contando de modo oral al mismo tiempo que se las iba inventando en su mente.

Al ver que sus hijos quedaban encantados con estas historias que les contaba, Tolkien le comentó a su amigo Clive Staples Lewis sobre su idea de recopilar esas historias por escrito, darlas un final y tratar de editarlas. C. S. Lewis, buen amigo de Tolkien, escritor de otras obras de fantasía clave como las Crónicas de Narnia y colaborador suyo, le animó a hacerlo. Tolkien así lo hizo en 1932. 

Este libro infantil fue pasando de mano en mano del circulo de amigos cercanos de Tolkien hasta que llegó a un niño al que le apasionaba la historia. Este niño resultó ser el hijo de Stanley Unwin, que se convirtió desde entonces en la editora de Tolkien.

Pero el origen de ‘El Hobbit‘ está lejos de ser el dato más curioso acerca de Tolkien. Una de sus obras clave, El Señor de los Anillos, se tardó en escribir más de catorce años (contando con el hecho de que previamente ya había elaborado el legendarium y todo el universo de Arda). El motivo principal era la lentitud de Tolkien. En primer lugar, escribía toda la obra a pluma y tinta, y tenía que hacerlo en el tiempo que disponía que, entre el trabajo (Profesor de filología) y la familia no era mucho y después mecanografiarlo y revisarlo. Ahí estaba el punto débil de Tolkien.

Aunque era capaz de escribir las obras a pluma en un tiempo razonable, en la máquina de escribir Tolkien no era precisamente de los más rápidos. Era incapaz de escribir si no era con tan solo dos dedos (una costumbre bastante extendida pero lenta) y, además, se confundía a menudo y con mucha facilidad, lo que le hacía tener que repetir el trabajo. ¿El resultado? Catorce años para una novela.

Acerca del ‘legendarium‘ de Tolkien el dato más curioso es el origen de una edificación clave, la Torre de Sauron. Tolkien no tenía previsto hacerla originalmente, pero un edificio de la localidad en la que vivía le inspiró para hacerla. Este edificio siempre ha sido ansiado por los fanáticos de Tolkien, pero nunca se había encontrado a la venta hasta hace pocos años. A pesar de ser tan ansiado la transacción se cerró en un coste irrisorio: por un solo euro.

Te lo digo por si me muero antes.

George R.R. Martin fue un escritor discreto hasta el éxito de Juego de Tronos. Sus novelas tuvieron un éxito muy moderado por lo que, al convertirse en una figura mediática, no supo gestionar toda la presión provocada por ser el escritor de una de las series del momento. Sus carencias literarias dificultan que la obra pueda tener el final que merece.

«Canción de hielo y fuego», una de las obras más importantes de George R.R Martin, parece inacabable.

Su serie televisiva «Juego de Tronos» la ha dado una fama sin precedentes en su carrera como escritor y ha sacado a relucir algunas de las muchas carencias que este escritor escondía dentro de sí.

Una de ellas probablemente sea su lentitud, atributo que comparte con Tolkien. Solo que George le supera. Lleva desde 1996 tratando de terminar una trilogía que ya es, como mínimo, una heptalogía si llegara a terminarse en el punto que él considera, por ahora, el adecuado.

Tanta es la lentitud de George que ha sido presionado en repetidas ocasiones por sus fans para que le ponga punto y final a la serie, pues temen que el autor fallezca sin acabarla. Por ello George optó, cuando la serie tuvo éxito, por revelar el fin de la serie a los productores, para asegurarse así que estos pudieran acabarla como él quiere en caso de que se produzca su fallecimiento. Algo que podría ocurrir si continua escribiendo al ritmo actual.

Este mal ritmo se ve empeorado aún más justamente por las críticas acerca de su velocidad. Estas le han llevado, entre otras cosas, a negarse a escribir hasta que cesaran gran parte de ellas, a cambiar parte de la historia e, incluso, a asesinar personas que no estaban previstos usándolo como arma contra este colectivo que le critica. En una entrevista, llegó a comentar «Cada vez que alguien me pregunta cuándo sale el próximo libro, mato a un Stark«

¿Pero qué le habéis hecho a mi libro?

Todo el mundo comparte la impresión de que la película de La Historia Interminable es realmente mala. Una impresión que compartía Michael Ende, quien solo pudo ver la película el mismo día del estreno. La decepción fue tal que demandó a los productores y exigió que retiraran su nombre de los créditos, ya que esa «no era la historia que él había escrito».

Michael Ende es conocido principalmente por una de las historias de fantasía infantil más conocidas,La Historia Interminable‘.

Como muchos conocerán, esta novela tuvo tanto éxito que, a finales de la década de los setenta, se rodó una película acerca de ella. Ende se mostró entusiasmado, pues estaba deseoso de ver a sus personajes en la gran pantalla, y accedió a hacer la película con una única condición: que no modificaran sus personajes.

La película se rodó y se produjo sin la supervisión de Ende, que no consideraba conocer el cine adecuadamente para poder participar en una gran producción. Por ello, no tuvo la oportunidad de verla hasta el día mismo de su estreno comercial. Pronto, el mejor día de su vida se convirtió en una pesadilla.

Cuando finalizó la película, Ende se quedó escandalizado. No tenía nada que ver con su libro, además del hecho de que la historia no estaba, ni de lejos, completa. Al borde de las lágrimas y terriblemente enfadado por el daño que habían hecho a su obra, Ende participó en numerosas entrevistas en las cuales criticaba con dureza la película y especialmente a sus productores. Su decepción fue tal que exigió que retiraran su nombre de los títulos de crédito de la película pues aquello no era su historia. Inició un pleito contra los productores y tuvo grandes conflictos con ellos, pero no consiguió sus propósitos y se vio obligado a abandonar en 1985.

¿Premio Nobel? Yo eso no lo quiero.

Borís Pasternak

El Premio Nobel ha sido, desde su implantación, el premio por excelencia en las disciplinas donde se entrega. En literatura, siempre ha sido un premio bastante polémico, siempre frecuentado por conflictos acerca de los ganadores, sus méritos y la falta de autores relevantes y reconocidos entre sus ganadores. A pesar de ello el Premio ha sido, de una u otra forma, el mayor honor que un escritor podría recibir. Excepto, al parecer, para dos de ellos, que rechazaron el Premio, renunciando a él. Estamos hablando de Borís PasternakDoctor Zhivago«) y de Jean-Paul Sartre.

En el caso de Borís, autor de una de las obras clásicas del siglo XX ‘Doctor Zhivago‘, probablemente su renuncia se deba a motivos de índole política y no literarios. En un momento en que la presión internacional era máxima sobre la URSS, el premio al autor soviético fue toda una sorpresa. Muchos creyeron en su momento que el rechazo del premio se debía a su ideología política, pero ninguno pudo imaginar cuan cierta era dicha afirmación.

Doctor Zhivago‘ era una obra que criticaba de forma indirecta el régimen soviético en todas sus vertientes, y la censura soviética era implacable, así como las sanciones sobre los que criticaban al régimen. Boris ya había podido experimentar la certeza de que si criticas vas al gulag: durante de década de los años treinta fue condenado a Siberia, pero logró escapar del gulag donde se encontraba detenido.

El libro fue editado en la clandestinidad y se distribuía en pequeños círculos de forma anónima. Un ejemplar llegó hasta las manos de un corresponsal italiano de Radio Moscú, que escondió la obra, la tradujo al italino y la publicó en Italia. Al mismo tiempo, las autoridades soviéticas habían recibido el aviso sobre la novela por parte de una editorial que la había rechazado y exigieron a Pasternak que recuperara todas las copias que hubiera dado de ella, pues era necesario realizarla «correcciones«. Este no pudo hacerlo.

La novela acababa de llegar a la peor persona que podía leerla: Nikita Kruschev. Este inició una auténtica ofensiva contra el autor, quemando sus obras, persiguiéndole y expulsándole de la Unión de Escritores. Acechado por agentes las veinticuatro horas del día, bajo amenazas, extorsión y el peligro cierto de ser expulsado o de acabar de nuevo en Siberia recibió al notificación de su victoria en el Premio Nobel de 1958. Temiendo por su vida, el autor la rechazó, tratando de desentenderse de ella. Pocos meses después, cuando estaba cerca de hacerse efectiva su expulsión de la URSS, Boris Pasternak fallecía a los setenta años en circunstancias que se desconocen.

Nunca llegó a ver ‘Doctor Zhivago‘ publicado en su país. Esto se produciría ya en 1988, cuando la perestoika permitió una apertura ideológica.

El otro caso, el de Jean Paul Sartre, es bien diferente. En 1964, recibió la notificación de que estaba nominado al Premio Nobel. Educadamente, envió una carta inmediatamente a la Academia solicitando expresamente que no le entregaran el Premio, pues traería problemas y él no lo quería.

Su carta no sirvió de nada: en 1964, el Premio de Literatura fue para él.

La odisea se desató cuando Sartre hizo público que renunciaba al Premio y que no quería saber nada de él. Fue insultado, difamado, recibió amenazas, críticas e incluso numerosos periódicos escribieron artículos difamatorios sobre su persona. Sartre se vio obligado, tres días después, a pagar a L’Figaro para que publicara las razones de su negativa. La razón era que no deseaba ser «institucionalizado en Oeste o Este» y que conocía que el Premio Nobel en la Guerra Fría tenía «carácter político«.

En ambos casos, la Fundación Nobel no aceptó la renuncia al Premio de ninguno de los dos autores. Ambos aparecen como ganadores en sus respectivas ediciones (Pasternak en 1958, Sartre en 1964) aunque, en el caso de Sartre, el memorándum de su Premio cuenta con una anotación: «El laureado nos informa que él no desea recibir este premio, pero el hecho de que él lo haya rechazado no altera en nada la validez de la concesión . Un insulto a su memoria para unos, una señal de una gloria que no se puede rechazar para otros.

 

 

 

 

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