Un libro destinado a marcar historia: el electrónico. La historia del ebook.

El libro electrónico es un dispositivo que ha cambiado la literatura. Para bien o para mal, guste a unos más o a otros menos, es innegable que su llegada ha modificado el concepto de libro que existió hasta el momento de su aparición, y que lo seguirá haciendo en un futuro. Pocos, más bien nadie, podrían haber imaginado hace décadas la existencia de un dispositivo similar.

A pesar de su influencia y reciente importancia, casi nadie conoce el origen del dispositivo que ha cambiado el mundo literario.

Un origen que se remonta más atrás de lo que cabría imaginar.

Para conocer el origen del libro electrónico, hay que remontarse al siglo pasado, como probablemente pueda pensar todo el mundo. Pero lo que no es tan común es considerar que haya que remontarse hasta la década de los cuarenta para ver nacer al libro electrónico.

En muchos inventos es fácil designar a una persona como su inventora. El caso del libro electrónico no es uno de esos. De hecho, son varios los candidatos a ser la primera persona que construyó un libro electrónico. Entre ellos, y siendo una de las inventoras más probables, se encuentra una mujer española, Ángela Ruiz Robles.

 
Ángela Ruiz Robles, fotografiada junto con su invento.

El caso de Ángela no parece el de una inventora típica. Afincada en Ferrol, fue una conocida y respetada maestra de la localidad, especialmente por sus innovaciones pedagógicas. Una de ellas derivó en la Enciclopedia Mecánica, un intento de aliviar el número de libros que los alumnos tenían que cargar hasta clase y de transformar la educación tradicional. El invento se encuentra patentado dos veces, la primera de ellas en 1949 y otra posterior, en 1962.

Esta enciclopedia estaba formada por una estructura metálica donde se podían colocar rodillos en los que se encontraban escritos los diversos temarios de las asignaturas, que el alumno podía desplazar para ir leyendo su contenido.

Podía incluir diversos sonidos, botones para intercambiar las distintas opciones, luces e incluso una calculadora (más bien, un ábaco mecánico) o un diccionario. Si se pone a pensar, un libro electrónico actual ofrece más o menos lo mismo.

Su invento y su iniciativa fue fuente de numerosas condecoraciones tanto por el Estado como por numerosas entidades privadas en España y en otros lugares de Europa. Sin embargo nunca encontró un inversor interesado en financiar la fabricación del dispositivo. Uno de sus prototipos, totalmente funcional, se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de La Coruña.

 
La Enciclopedia Mecánica, aunque poco tiene de electrónica, marca el precedente de buscar un nuevo soporte para los libros que no sea el tradicional, lo que acabará por dar lugar al libro electrónico.

Otras personas relevantes para el nacimiento del libro electrónico fueron Roberto Busa, un jesuita italiano, Doug Engelbart y Andries van Dam, aunque sus aportaciones se dirigieron más a permitir la existencia de texto en soporte electrónico que al dispositivo en sí mismo.

Pero para que exista el libro electrónico, debe existir asimismo no solo el dispositivo, sino también el libro digital. Esa idea le corresponde a Michael Stern Hart.

Durante su estancia como estudiante en la Universidad de Illinois, Michael obtuvo acceso al ordenador central de la Universidad y tuvo la idea de copiar la Declaración de Independencia de Estados Unidos en formato digital. Aunque su idea iniciar era ver si podía compartirlo con otras personas a través de un incipiente email, al no lograrlo, creó un archivo que podía descargarse por los interesados en su ordenador. Viendo que la idea podía funcionar, decidió copiar muchos otros libros de dominio público en formato digital, formando así lo que se convertiría en el actual Proyecto Gutenberg.

Desde 1971, cuando Michael comenzó a transcribir libros a formato digital, hasta la actualidad, el Proyecto Gutenberg continúa creando una inmensa biblioteca digital y gratuita de miles de libros de dominio público en varios idiomas que los interesados pueden descargar de su página web gratuitamente. En este momento, cuentan con más de 42.000 libros. Su labor continúa siendo totalmente filantrópica, ya que su equipo está formado por voluntarios y no obtienen remuneración alguna.

El Dynabook era el complemento perfecto si ibas
al gimnasio, ya que su peso “ligeramente” superior
a los actuales hace que sea digno de compararse
con las mejores pesas.

Respecto a los dispositivos, el máximo avance corresponde al Dynabook, diseñado en 1968 con el mismo propósito que el dispositivo de Ángela (la educación infantil). Precursor del ordenador portátil, era una máquina que, salvando las distancias, era similar a un libro electrónico que permitía a los niños leer y escribir con él, en busca de una educación más interactiva.

Durante los siguientes años se produce una etapa más oscura, donde los inventos que se pueden relacionar con el libro electrónico son escasos. Habrá que esperar hasta la década de los noventa para que los verdaderos avances lleguen para quedarse como el libro electrónico que conocemos hoy.

En 1992, Sony introdujo en el mercado el primer dispositivo que merece el nombre de libro electrónico: el Data Discman (foto izquierda). El dispositivo estaba formado por una pantalla LCD que mostraba el texto en escala de grises y un teclado para interactuar. Tenía un lector de CD que permitía leer libros en este formato, que en un primer momento fueron enciclopedias y diccionarios, ya que estaba pensado para su uso escolar. Pronto, se mejoró el sistema (foto derecha) y se amplió el catálogo de libros en CD a novelas y otros escritos, incluyendo la posibilidad de reproducir audio y algunos vídeos.

Aunque el dispositivo olía a revolución, fue un fiasco fuera de Japón.

Al año siguiente, un escritor tuvo la iniciativa de vender el primer ebook. Peter James decidió publicar su nueva novela, Host (1993) en un formato inaudito hasta entonces: en dos disquetes acompañando a la tirada física. La versión digital, aunque fue víctima de una mordaz crítica por la prensa literaria (a todos les parecía ridículo leer en un ordenador), vendió 12.000 copias (Aclaración: en un mercado como el estadounidense, pocas.)

Ahora, muchas están en un museo y, en 1994, Peter James ya fue llamado por Steve Jobs, interesado en su “estúpida” idea.

Realmente Peter James no fue el creador de esta idea, puesto que durante los ochenta ya algunos libros se habían atrevido con el formato digital. No obstante, fue Peter quien logró crear el impacto suficiente para que alguien leyera esa versión y no cayera en el olvido, destino que sufrieron sus antecesoras.

La idea causó impacto, aunque la reacción fue lenta. En 1998, algunas bibliotecas pioneras en Estados Unidos comenzaron a ofrecer libros en formato digital para su préstamo. Inicialmente, como en todos los inventos anteriores, era material para estudiantes, tales como diccionarios, enciclopedias o libros técnicos. En 2003, se atrevieron a ampliar el sistema con libros de literatura de éxito. En la actualidad, el 92% de las bibliotecas ofrecen ese sistema.

El SoftBook, de 1.2kg, es el dispositivo perfecto… para sentir el

peso del conocimiento en tus manos.

Sobre los dispositivos, los primeros libros electrónicos exactamente iguales a como los conocemos hoy aparecieron en 1998 (el Rocket e-book y el SoftBook) ¡aunque pesaban más de un kilo! Asimismo comenzaron a asignarse ISBN a los libros en formato electrónico (reconociéndolos, por lo tanto, como libros) y aparecieron los primeros sitios web para su compra venta, como www.eReads.com .

Ya, en 2006, aparecieron los libros electrónicos de Sony, desaparecidos en 2014, en 2007 apareció el Kindle y en 2009 los BQ Readers, los primeros fabricantes en Europa de estos dispositivos.

Y esta es la historia de los libros electrónicos. El futuro sobre ellos es incierto. Pero, gusten más o menos, han venido para quedarse para siempre.


¿Acabarán con el libro tradicional?

Adicional: TVE dedicó un pequeño espacio de Con Ciencia a la Enciclopedia Mecánica de Ruiz Robles, que podéis ver aquí, y un segundo, en este otro enlace.

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