Salman Rushdie, el escritor perseguido.

En unos días donde el terrorismo yihadista, las guerras religiosas y la persecución de la libertad de expresión están desgraciadamente tan presentes, es hora de recordar que Charlie Hebdo no es el único objetivo que los radicales islámicos han tenido en Europa.

Estoy hablando de Sir Ahmed Salman Rushdie, el escritor británico, nacido en la India de padres musulmanes, que desató la ira de la comunidad islámica más radical con su obra Los versos satánicos a finales de los años ochenta y principios de los noventa y que, tras la muerte del director de Charlie Hebdo, tiene el dudoso honor de ser el objetivo individual número uno de Al-Qaeda en Occidente (Hasta entonces, el número dos). No fue un conflicto de pequeño calibre: grandes manifestaciones surgieron en ciudades islámicas, en las que se produjeron varios muertos. No sin olvidar los graves ataques que sufrieron editores, distribuidores y traductores, costándoles la vida, entre otros, al traductor al japonés de la obra; impidiendo a Rushdie volver a su país natal y viviendo durante muchos años en secreto, bajo protección policial

Aunque las noticias sobre el conflicto entre el autor y el mundo árabe se haya silenciado aparentemente, esto no es así. Aunque no vive bajo protección de las autoridades, Rushdie ha vuelto a estar en el punto de mira en varias ocasiones en los últimos años: en 2010, tuvo que cancelar un viaje a la India al haber sido contratados varios sicarios para asesinarle en un país que solicita a las autoridades que le prohíban al entrada. Tras su nombramiento como Sir, Reino Unido entró en conflictos diplomáticos con numerosos países árabes. En 2013, fue nombrado junto a Staphane Charbonnier, editor de Charlie Hebdo, objetivo para cualquier musulmán, ya que, aunque Irán ha retirado oficialmente la fatwa que le condena a muerte, otorgando una sustanciosa suma al autor de su asesinato, algunos miembros de su gobierno continúan ofreciéndola. Tras el atentado contra la revista, pasa a ser el primer objetivo de Al-Qaeda. No sin antes demostrarles que no les tiene miedo.

¿Pero cual es el verdadero delito de Salman Rushdie? ¿Qué llevó a un musulmán practicante a ser uno de los principales objetivos de Al-Qaeda? ¿Qué es lo que contiene Los versos satánicos que desató semejante ola de ira en los países islámicos?

Sir Salman Rushdie nació el 19 de junio de 1947 en Bombay, en la India Británica. Quedaban pocos meses para la India anunciara su independencia del Imperio Británico, que fueron suficientes para que el escritor obtuviera en el futuro la doble nacionalidad, lo que le permite seguir vivo hoy en día.

Se crió en el seno de una familia de cachemires musulmanes, aunque su padre se declaró no creyente y su madre no practicaba. Hijo de un abogado y una maestra en una familia acomodada, pudo obtener buenos estudios en la India para luego transladarse, como muchos intelectuales de su país hicieron, a las universidades de Reino Unido. Enviado fuera de su país a los catorce años, estudió en el King’s College y en la Universidad de Cambridge, graduándose en Historia en 1968.

Durante su infancia, el escritor comenzó a escribir a los cinco años. Cuando acabó sus estudios, decidió intentar una vida como escritor independiente. En esta etapa, que duró diez años, publicó su primera novela, Grimus, donde un nativo americano parte en una expedición en busca del sentido de la vida. Al final de esta etapa, llega su libro Hijos de la medianoche (1980), su primer gran éxito; libro donde relata la transición de la India desde la independencia del Imperio Británico, y pone en relevancia su pertenencia al estilo del realismo mágico y sus grandes dotes dentro de la ficción histórica. Ganó el Premio Booker, uno de los premios más prestigiosos de la literatura inglesa, y fue elegido como uno de los mejores libros de todos los tiempos.

Pero esa primera obra no pasó sin polémica: se acusó al escritor de realizar escritos despectivos contra la entonces presidenta de la India, Indira Ghandi, aunque estos sucesos tuvieron un impacto mínimo y sin mucha transcendencia. No obstante, comenzaron a aventurar que la vida de Rushdie sería, como mínimo, convulsa.

Su siguiente obra comenzó a centrarse en los problemas sociales de la India y Pakistán, rasgos reconocibles de su obra. Vergüenza vuelve a hacer hincapié en el realismo mágico y contando la convulsión política que se vivía en Pakistán. Tras ella, llegó La sonrisa del jaguar (1987), un libro acerca de Nicaragua.


Al año siguiente, llegó la novela trágica del autor: Los versos satánicos.

Los versos satánicos se publicaron en septiembre de 1988, causando un gran revuelo en todos los países islámicos, incluso fuera de ellos. Por ejemplo, en Reino Unido se produjeron quemas públicas de copias de la obra.





Rushdie aprovecha un periodo apócrifo de Mahoma como inspiración de su libro, donde este decide retirar del Corán unos versos, a los que denomina “los versos satánicos“, pues han sido dictados por Satán en vez de por el Ángel Gabriel, quien le había dictado el resto de ellos. Algo muy similar ocurre en la obra de Rushdie, en la cual uno de los personajes es un ángel y un profeta del desierto le lleva a revelaciones de dudoso beneficio para él. En ningún momento menciona al Islam ni a nada relacionado con él de manera directa. Más bien, trata de reflejar la lucha por los derechos de lo inmigrantes en Londres, de la discriminación que sufren, de problemas de índole moral, en una obra profunda, cargada de significado simbólico y una elevada carga del realismo mágico.


Mucho se ha especulado acerca del verdadero motivo de la rápida prohibición de la obra en diferentes países. Aunque lo más probable es sencillamente el fanatismo religioso, se ha llegado a plantear incluso que el líder religioso que ordenó al fatwa, Jomeini, diera la orden como venganza personal, al verse reflejado en la tercera parte del libro, una visión donde se relata la historia de un imán en el exilio que busca cómo regresar a su país y hacerse con el poder (Por aquel entonces, Jomeini estaba exiliado en París)


La fatwa ordenaba la muerte de Rushdie y todos los relacionados con el libro, con una recompensa de tres millones de dólares para el asesino, cantidad que se llegó a doblar. El traductor al italiano, Ettore Capriolo, fue atacado por un hombre armado con arma blanca, aunque sobrevivió. William Nygaard , editor de la obra en Noruega, fue tiroteado y resultó herido muy grave, aunque al igual que el traductor italiano logró superar sus heridas. No así ocurrió con Hitoshi Igarashi, traductor de la obra en japonés, que fue apuñalado hasta la muerte frente al ascensor que le llevaba a su trabajo en la Universidad de Tsukuba. No fueron los únicos: el imán Abdullah Ahdal fue asesinado por su postura religiosamente moderada con la obra de Rushdie igual que el actor iraní Feridun Farojsad, por firmar un manifiesto en contra de la pena de muerte para Rushdie. Incluso, en un atentado dirigido hacia él, murieron treinta y dos personas, aunque el escritor resultó ileso.

El 14 de febrero de 1989, el escritor angloindio recibió una llamada de una periodista de la BBC, que le informó que sobre él pesaba una pena de muerte. Fue entonces cuando solicitó protección al gobierno británico, que se la concedió hasta 1998, fecha en la que Irán retiró la fatwa oficialmente. A partir de entonces se convirtió en un escritor con pocas apariciones públicas e imprevistas para evitar conspiraciones, siempre con protección policial. Pero desde que reside en Nueva York, el autor lleva una vida prácticamente normal, anunciando incluso con antelación los eventos que visita; pero desde 2013 ha vuelto a recluirse más y a reducir el número de eventos en los que participa.


Desde el fin de su protección, han sido dos los más importantes escándalos que este autor ha protagonizado: los conflictos diplomáticos con los países árabes cuando Reino Unido lo nombró Sir y su posible atentado en Jaipur, que le impidió regresar a su India natal.


En 2012, Irán reiteró que no pesa orden alguna de muerte oficial sobre él, ya que se trata de un conflicto que consideran pasado. No obstante, algunas personalidades relevantes de Irán vinculadas con el gobierno mantienen la recompensa por su asesinato, 2,8 millones de dólares en la actualidad. Asimismo, figuras musulmanas conocidas, como Cat Stevens, han llegado a asegurar públicamente que le asesinarían sin dudarlo si tuvieran la oportunidad

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