Un viaje por tierra de mangakas.

Imagen de la entrada realizada por Blanca (mangaka-sora-chan) a quien debéis seguir en su DeviantArt aquí

No es desconocida la gran afición por los mangas en su tierra patria, el País del Sol Naciente. En Japón, este tipo de publicaciones eclipsan cualquier otro tipo de literatura, y tienen una gran importancia en la sociedad. Mangas de géneros y temáticas que consideraríamos imposibles son abandonados en los vagones de metro, plazas públicas y otras aglomeraciones para que el siguiente pueda disfrutar de la lectura. Por su variedad temática, su bajísimo precio y su frecuencia de publicación, los mangas son auténticos fenómenos de masas a los que se dedican incluso fachadas de edificios. ¿Pero como se las arregla la industria editorial para poder con este volumen de trabajo?

Una serie de manga es, normalmente, publicada de manera semanal; aunque existen por supuesto otros que son publicados de manera mensual, e incluso de manera irregular como ocurriría con una serie de novelas. Los mangas son tan accesibles que una edición semanal puede ser comprada por 406.000 lectores en menos de una semana, para volver a comprarla a la siguiente. El caso descrito no es ficción: Kuruko No Basket, quién lideró las ventas del 29 de Abril al 5 de Mayo, vendió 406.725 ejemplares de su cuarto volumen en la semana que transcurrió hasta el quinto volumen. Para buscar un ejemplo mayor en datos anuales, podemos hablar de la conocida One Piece, que en 2011 acumuló unas ventas anuales de 37.997.425 ejemplares.

Pero, ¿cómo es posible que se mantenga ese volumen de trabajo? ¿Cómo un autor puede crear un volumen en menos de una semana para publicarlo? Aunque parece algo complicado, la realidad es más sencilla que la apariencia. Puesto que no podemos hablar de un mangaka (autor de un manga), sino tenemos que hacerlo de mangakas.

Sencillamente, un autor nunca trabaja solo. Todos ellos cuentan con un grupo de ayudantes quienes colaboran con él para mantener la serie viva en el tiempo necesario. Aunque un volumen suele contar con diecinueve páginas, cabe recordar que un manga hay que plantearlo, revisarlo, hilarlo con lo anterior, hacer un boceto, dibujarlo, revisarlo, pasarlo a un soporte digital, editarlo en este, escribir los diálogos, revisarlo de nuevo e imprimirlo. Lleva mucho más trabajo de lo normal en cualquier otro tipo de literatura, y es imposible que una sola persona pueda hacerlo. 

Este es el motivo por el cual los mangas cuentan con dibujantes auxiliares que realizan el boceto inicial, ayudan al autor a revisar o pulen los detalles del dibujo, como los fondos o los cuadros de diálogo.

Antes de empezar un manga, el autor ya tiene planteado ese tipo de cosas con un editor. Rara vez se publica algo terminado (al contrario que con la literatura normal), sino que los autores mandan pocas páginas y sus ideas a los editores, quienes les llaman a una reunión personal si están interesados en el asunto. El editor una vez aprueba el proyecto no desaparece, sino que se convierte en una figura continua, asesorando al autor en todo momento y ofreciéndole personal de la editorial en caso de que se haya metido en grandes problemas con la trama, los tiempos de entrega o algún dibujo. La mayoría de los autores acaban por entablar importantes amistades con sus editories, y el papel de estos resulta decisivo a la hora de conseguir un manga de éxito. Esto es debido a que el editor se encarga de acudir a tiendas buscando distribución de manera personal, hace encuestas a pie de calle o eventos en lugares públicos para dar a conocer. No envía a su personal a hacerlo: lo hace él.

¿Puede permitirse un mangaka tener un equipo diariamente, trabajando como chinos durante toda su vida artística? La respuesta es sí: aunque los mangas valgan cantidades entre dos y cuatro euros, la amplitud de las tiradas y los derechos secundarios (juegos, series de anime, revistas especializadas, merchandising; elementos que toda serie suele tener) llevan incluso a publicaciones modestas a manejar beneficios semanales de entre 50.000 a 60.000€, a repartir entre los miembros del equipo que suelen ser una cantidad bastante reducida, de media unos cinco, sale una buena cantidad a repartir. Aunque en algo los autores tienen suerte: la primera tirada siempre se les paga íntegra a los autores, se venda o no. Al parecer, no es demasiado buen negocio, pues las tiradas rara vez se venden enteras.

Aunque las cantidades monetarias que se manejan no son nada despreciables, la escritura de mangas no está extenta de dificultades económicas que cualquier literatura tiene. Aparte de exigir unos gastos también mucho más elevados de lo normal (alquiler de estudios, compra de material de dibujo, equipos tecnológicos especializados, gran infraestructura de transportes) los resultados de ventas suelen oscilar mucho de una semana a otra. Quizás hoy vendas 500.000 ejemplares y el domingo que viene 100.000 y el resto te los comes con patatas. La vida del autor. Las revistas y editoriales que publican mangas suelen incluir en su interior tarjetas postales sobre qué contenidos les gustan más, que se suelen rellenar y la editorial lee una a una. En caso de que algo falle, la serie de manga desaparece. Da igual que se quede a la mitad, que vuele del nido de un dia para otro o que hayan hecho tiradas de más que tengan que quemar: es su fin.

Un buen ejemplo de esto que he dicho es One Piece de nuevo. En el año 2011 comentamos que se había llevado a unos 38.000.000 ejemplares… pero en el 2012 estos fueron 20.000.000. Dieciocho millones de lectores desaparecieron sin dejar rastro en un año. Si el estudio contaba con su dinero para algo, se debieron meter en un problema.

Es este sistema editorial, tan fuerte y desarrollado, quien permite que todo esto sea posible. Fuera de Japón, el manga no es que funcione muy bien. Ponemos esta vez como ejemplo Gintama, quien vende de media unos 4.000.000 de ejemplares semanales en su país natal. Su versión española, simultánea, vendió en toda la serie la meritoria cantidad de 650 ejemplares de media. Las comparaciones son odiosas, aunque en algunos casos como el Naruto cambien de 8.000.000 de tirada en Japón a 20.000 de tirada en España, en sus momentos de mayor auge. Para comparar esta vez con otra país europeo, en Francia son 80.000 los ejemplares de tirada.

Esta diferencia de tirada y de precio, por la necesidad de contratar a segundos editores, traductores y tiradas mucho más pequeñas, impide o convierte en algo realmente odiseico el vender tiradas semanales. Fuera de Japón por lo tanto el negocio cambia: pocos beneficios, mucho riesgo y series de tomo único (las traducidas, esperan a que saquen toda la serie semanal, lo que lleva unos dos meses y medio, y la sacan como una sola)

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