Jisei no ku, el poema de despedida a la vida

Antonio Machado aseguraba que no había motivo para temer a la muerte: cuando nosotros somos, la muerte no es; y cuando la muerte es nosotros no somos. Sin embargo, es innegable que todo el mundo la tiene más o menos presente. Hay quienes piensan qué habrá después, o se plantean si para ese momento habrán hecho todo lo que desean de verdad.

Resumir una vida nunca es fácil. Pero, ¿sería posible hacerlo en un poema?

Ese es el propósito de los jisei. Los poemas de despedida de la vida.

El primer jisei del que se tiene constancia es del poema del Príncipe Otsu, hijo del emperador japonés Tenmu Tennō, fallecido en el año 686. Este, acusado de traición por sus propios hermanos al supuestamente intentar hacerse con el poder tras la muerte de su padre, redactó un breve poema justo antes de ser ejecutado.

Basado en las ideas sobre la muerte difundidas por el sintoísmo y posteriormente por el budismo japonés el jisei se hizo frecuente entre las élites niponas. Está conformado por treinta y una moras (que en español asociaríamos con sílabas, sin ser exactamente lo mismo) ordenados en cinco versos con 5-7-5-7-7 moras respectivamente, aunque en ocasiones se puede ver simplificado en forma de haiku.

En cada uno de ellos, el autor debe ser capaz de mostrar el sentido de su vida, y su espiritualidad ante la cercana muerte. Para cumplir con el cometido se emplean metáforas que permitan al escritor asociar sus sentimientos con imágenes que sus lectores puedan interpretar, evitando mencionar la muerte de forma explícita. Los símbolos evolucionaron con el tiempo, pero la naturaleza siempre ha sido un símbolo recurrente. Incluso algunos de ellos, como la flor que se marchita o el río que acaba en el mar son frecuentes en el imaginario popular no únicamente asiático, sino también en el europeo. Por ello no son necesariamente oscuros o esperanzadores; su función es transmitir los sentimientos de su autor sin adulterarlos.

Aunque son más frecuentes entre las clases altas y las personalidades literarias cualquiera puede escribir su propio jisei. Las muestras más abundantes de estos poemas se encuentran a finales del S.XIX, ante el inicio del Periodo Meiji y el ocaso de la clase samurái, decididos a llevar sus tradiciones hasta la muerte.

No obstante, los discípulos de Confucio en Corea desarrollaron una tradición similar, aunque ya desaparecida en el tiempo. Sus poemas, escritos en forma sijo (3-4-3-4 sílabas) y en hanja (5-5-5-5 sílabas) quedaron como un legado que pocos se aventuraron a seguir.

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