El Marqués de Sade, de héroe a abominable

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El Marqués de Sade (cuyo nombre real es Donatien Alphonse François) se ha convertido a lo largo del tiempo en una figura muy reconocida por la leyenda negra construida en su nombre. Reconocido por sus controvertidas obras como Justine y los infortunios de la virtud o Los ciento veinte días en Sodoma, su nombre se ha asociado a la pornografía más burda, a los abusos y a la locura. Pero no todo fue oscuridad en la vida del Marqués, que pasó de ser un héroe militar francés a un loco delincuente sexual encerrado en un psiquiátrico, pasando por una estancia en la Bastilla y una carrera política.

Aunque sus obras fueron prohibidas, las copias que persisitieron lograron que el autor tuviera una cierta influencia posterior y que, para bien o para mal, sea conocido en la actualidad.



Una vida aparentemente normal… con algunas sombras.

Nacido en 1740, hijo de un noble diplomático y de una mujer de sangre borbónica, su infancia quedó marcada por la educación de Luis José de Borbón-Condé, un personaje ligado a la Corona francesa y apoyo fundamental de Luis XVI. No era una situación extraña en la época, aportando a Sade conocimientos en todos los ámbitos, especialmente sobre el mundo militar. Despúes su educación estuvo a cargo de un abad en un monasterio benedictino, quien le acercó a la literatura y a la escritura. Su formación se vio enriquecida por el trabajo de su padre como diplomático, que le permitió visitar numerosos países de Europa durante su infancia y juventud.

Donatien tuvo la vida de un noble normal durante su juventud.

Pronto comenzó a mostar una capacidad sobresaliente en sus estudios. Devorador de libros, era un gran aficionado a la Historia y a los libros de viajes que junto con sus viajes le permitieron tener una visión amplia acerca de las costumbres y las cultura de diversos lugares del mundo.

Tras ingresar en la academia militar participó en su primera batalla como teniente a los dieciséis años durante la toma de Mahón en la Guerra de los Siete Años, donde realizó una buena actuación y vio su prestigio enriquecido en el mundo militar. Al final de la guerra en 1763 era ya Capitán de Caballería.

Tras regresar a Francia ocurrió uno de los hechos que comenzó a forjar el Sade más conocido: un matrimonio en contra de su voluntad con la hija de la familia Montreuil. El Marqués se había enamorado de una noble de Lacoste, la señorita de Laurais; pero acabó accediendo a la imposición paterna. Ese mismo año, el capitán fue detenido por primera vez, supuestamente por firmar una obra de alto contenido sexual. Pasó dos semanas en los calabozos hasta que la familia de su mujer se hizo cargo de él.

Este matrimonio causó un gran impacto en Sade, que comenzó a frecuentar locales de prostitutas y tuvo varias amantes cercanas a la Corte, relaciones investigadas por su suegra hasta la saciedad. Eso no le impidió que su carrera continuara su curso y que en 1767, a la muerte de su padre, se convirtiera en el Marqués de Sade y además  fuera ascendido a comandante.

La destrucción de la reputación de Sade.

Durante aquellos años la pluma de Sade no había dejado de distribuir textos similares a los que habían causado su detención. Esta vez el escándalo no llegó por sus escritos sino por sus acciones.

Aunque nunca se ha podido probar su veracidad (o al menos la gravedad de los hechos), el Marqués fue acusado en 1769 de contratar a una prostituta, agredirla, torturarla y violarla. Entre los hechos, se le acusa de atacar a la mujer con un cuchillo y derramar posteriormente cera caliente sobre las heridas. El suceso le costó siete meses de encierro y dinamitó cualquier posibilidad de carrera política, siendo conocido en su biografía como el Escándalo de Arcueil. No obstante Sade resultó ser inocente: el médico confirmó que no había heridas y la mujer no pudo probar los hechos. De cualquier manera, Sade pagó por su reputación.

Tras salir de la prisión se centró en el teatro, formando su propia compañía con sede en el Castillo de Lacoste. La tranquilidad no duró mucho: en verano de 1772, volvió a salir a la luz pública un nuevo escándalo de gravísimas consecuencias.

Conocido como el caso de Marsella, se acusó a Sade de montar una gran orgía con prostitutas y envenenar a varias de ellas con mosca española, empleado como afrodisiaco. Aunque las dos mujeres afectadas sufrieron síntomas leves y se recuperaron sin que hubiera pruebas de que Sade las hubiera envenenado, su mala reputación consiguió que fuera condenado a muerte por envenenamiento y sodomía. La realidad apunta a que fue la comida y no ninguna sustancia proporcionada por Sade la que causó los síntomas en las mujeres. Fue ejecutado en efigie poco tiempo después.

Para evitar ser detenido huyó a Italia, pero pronto fue encontrado en Saboya por instancia de su suegra, que empleó sus importantes recursos económicos para dar con él. Pasó meses encerrado en el castillo de Miolans. Sin embargo, logró escapar de nuevo con ayuda de su esposa que le llevó a refugiarse en diferentes lugares de Italia y España. No siempre se ocultó demasiado: en muchas ocasiones visitó el Castillo de Lacoste, donde vivía su esposa. Se le atribuye un nuevo escándalo sexual en el castillo, en el que se verían involucrados seis adolescentes sirvientes de su mujer. No obstante, nunca se ha podido conocer con certeza qué es lo que ocurrió.

El Castillo de Miolans donde pasó encerrado cinco meses.

Su huída acabó por un grave error cometido por Sade. En 1777, ante las noticias de la mala salud de su madre cuyo fallecimiento parecía próximo decidió regresar a Francia. De nuevo por instancia de su suegra, fue detenido en el hotel donde se alojaba, siendo transladado a la prisión de Vincennes.

Aunque esa prisión tenía mejores condiciones al estar orientada a nobles, su encierro deterioró en gran medida la salud mental y física de Sade. Pasó allí ocho años aunque su causa había sido anulada, estuvo incomunicado durante cuatro años y medio, aunque al final su esposa consiguió que la dejaran visitarle. Todo ese tiempo lo dedicó a leer y a escribir obras de teatro y cartas para sus allegados, mientras su suegra se aseguraba de que continuara preso. Sus medidas incluyeron cortar toda ayuda a su hija, que colaboraba abiertamente con Sade hasta el punto de planear una nueva fuga. Aunque sin los fondos económicos de su familia, su esposa fue capaz de proveer al Marqués de todo lo que necesitaba, llegando a recopilar en la cárcel una biblioteca de seiscientos volúmenes.

Transladado a la Bastilla en unas condiciones mucho peores, el deterioro de Sade fue mayúsculo. Fue un preso conflictivo, que protagonizó varios incidentes dentro de la prisión con los guardias y con los gobernadores. Tras la liberación de la Bastilla fue transladado a un manicomio, para ser liberado posteriormente al anular la Asamble Revolucionaria todas las medidas de su suegra. Al ser evacuado de la Bastilla no se le permitió llevar consigo quince de sus obras, que se consideran perdidas. Sin embargo, Los ciento veinte días de Sodoma (una de las obras que escribió en la Bastilla) reapareció en el siglo XX.

La liberación del Marqués. Frustrada vida como “revolucionario”.

En 1790, con cincuenta y un años el Marqués de Sade volvía a estar en libertad. Pero sus condiciones físicas estaban lejos de ser las idóneas: había perdido parte de la visión, tenía una obesidad que le impedía andar sin ayuda y padecía problemas pulmonares. Aunque hundido y arruinado, Sade se unió a los movimientos revolucionarios tomando posiciones moderadas, siendole asignadas tareas relacionadas con la organización sanitaria. 

Su vida personal se vio marcada por el distanciamiento de su esposa, que se negó a recibirle y se divorció de él aprovechando las primeras leyes de la Revolución. Este divorcio supuso que Sade tuviera que devolver el dote y los intereses, costes que no pudo asumir y le dejaron arruinado. Este cambio de actitud de su esposa, hasta entonces un apoyo para Sade, pudo deberse a la necesidad de esta de acercarse de nuevo a su familia ante los sucesos revolucionarios en Francia. Durante esta época conoció a una actriz de teatro, Constance Quesnet, con la que conviviría y que sería su apoyo hasta su muerte.

Durante esta época se dio un hecho muy llamativo en la vida del Marqués. Sus suegros, que le habían encerrado durante trece años, le pidieron ayuda al ser despojados de sus posesiones por los revolucionarios. En contra de todo pronóstico, Sade decidió ayudarlos. Su influencia no duró mucho: durante el periodo de Robespierre, volvió a la cárcel por sus ideas políticas. Fue detenido en 1793 e internado en una cárcel tan saturada que tuvo que vivir en las letrinas durante seis semanas. Su nombre apareció en una lista de los condenados a la guillonita pero Constance, influyente en el movimiento revolucionario, pudo salvarle en el último instante.

A la salida de la cárcel intentó vivir como dramaturgo sin cosechar ningún éxito, viviendo en la indigencia. Constance tuvo que vender su ropa por comida y Sade se vio forzado a mendigar en la calle, mientras escribía cartas a personas influyentes con el objetivo de intentar conseguir un trabajo. Sus obras contenían escenas de violaciones, parafilias y abusos que atentaban contra las costumbres sociales y le hicieron ganarse un rechazo generalizado. Muchos de sus escritos fueron prohibidos y destruidos, incluso por su propia familia. Napoleón llegó a quemar personalmente una copia de Justine y los infortunios de la virtud, asegurando que es el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada“.

El régimen napoleónico significó para Sade el ingreso en el asilo de Charleston por demencia libertina. Antes había sido encarcelado en condiciones infrahumanas, pero Constance y su exmujer consiguieron que fuera transladado al manicomio, pagando sus gastos y alojamiento. 

Durante ese periodo continuó escribiendo, pero sus problemas de salud causaron una gran mella en él. Contó con el apoyo del director del manicomio con el que acabó teniendo una fuerte amistad, y con el resto de reclusos, que llegaron incluso a leerle libros cuando Sade acabó por quedarse ciego. Llegó incluso a formar una nueva compañía teatral para realizar representaciones para otros internos del centro, incluso tuvieron la fama suficiente para que personas influyentes, desde nobles a otros actores, decidieran ir a ver alguna representación. Fueron prohibidas por decreto ministerial en 1813.

En 1814 murió interno en Charleston. Cede en su testamento todos los bienes que le quedan a Constance. El día de su entierro, su hijo encuentra sus últimas obras inéditas, destruyéndolas.

Las que pervivieron continuaron hasta la eliminación de la lista en el Index librorum prohibitorum, aunque eso no evitó que escritores posteriores obtuvieran copias y se vieran influidos por su estilo. Su vida fue ensalzada por artistas posteriores como Fiódor Dostoyevski o Gustave Flaubert. Aparte, su  nombre ha acabado sustantivizado como sadismo, en clara referencia a sus obras.

Todas sus novelas continuaron circulando clandestinamente durante el siglo XIX y parte del siglo XX, hasta que su publicación se normalizó.

 

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